miércoles, 16 de junio de 2010

Yo dibujo

Un hombre se acerca, me mira, lo veo dar dos vueltas antes de tocarme el hombro y me dice que le gustan mucho los dibujos, le agradezco, lo veo, parece sincero, mas tarde voy a dibujar y acordarme de su cara. Camino unas cuantas cuadras y veo para arriba como si no hubiese mirado nunca. Voy a Zarate, estoy en la radio y me divierto interrumpiendo a los chicos, dibujo y muevo la cámara, los distraigo de a ratos, pero me divierte. Por fin veo una nota de un diario, que vergüenza, es en el bar de Fundy donde alguien que no conozco me saluda, me convida lo que toma, me río, le cuento que ando re descompuesto. Dibujamos con mis sobrinas a la otra tarde, Lucila me hace uno muy bueno, lo subo a Internet y tiene más comentarios que el cuaderno de visitas de la exposición de uno de esos artistas pedantes.
Llego a mi casa, abro el mail, alguien esta embarazada en algún lugar y quiere un elefante para la habitación de su bebe, me emociono muchísimo, otra persona quiere uno para hacer un regalo, alguien se quiere hacer una remera, otro un tatuaje, en un negocio donde fui a buscar una revista el dueño me dice que los Gaunitas son ideas con patas, me cruzo varias Teodolinas por ahí, una persona de Colombia me pregunta si Clisa existe, una amiga me jura que vio un “Gaunita” entre las formas de una nube, me manda un mensaje y me asusto, miro para arriba con miedo, no dejo de dibujar un segundo mientras pienso. Una amiga en España, es una amiga en España. Una amiga me dice que vio que el novio de una amiga tenia de fondo de pantalla del celular un dibujo mío. Un ex compañero de la primaria me comenta contento que vio mis dibujos. Veo mi blog, alguien entro desde Turquía. Abro el mail, alguien quiere tomar clases, abro otro mail, alguien quiere hacer un video, cierro el mail, en el muro de un grupo que izo mi primo sobre mis dibujos alguien pone que va a ir al Pasaje, me asusto, no se porque, por que ya fue otra gente, creo que me asusta la advertencia, como si me fuese a regalar un fibrón envenenado. Me voy a dibujar sobre el margen de un papel usado, hago que tomo apuntes porque no puedo dejar de pensar lo raro que es todo. Casi es la hora, la música estaba a todo volumen, la bajo, apago todo y me voy al Rocha (llevo los parlantes en la mochila), primero paso por la facultad, estuve esperando para dibujar este día desde que pensé todo, hace casi 7 meses, hoy llegó, otro elefante. Alguien se acerca, me mira, la veo dar una vueltas antes de tocarme el hombro, me dice que se paso una noche mirando mis dibujos, que le gustaron los textos, se sonríe, parece sincera, le agradezco y sigo dibujando, pero pienso en que en cuanto termine le voy a regalar un señalador, talvez un dibujito sea apropiado. Sigo dibujando, me divierto, muevo un pie inevitablemente, amo dibujar, muchas veces más que verlo terminado. Alguien se acerca, me da la mano, me regala una carta, el As de trébol, se sonríe, veo el dibujo que hice en la pared, en algún lugar de ese despelote dibuje esa carta, me sonrío. Una oficial de policía se acerca, me dice que ella antes dibujaba, ahora es imposible. Alguien mas se acerca, foto, otra persona dice que es de Ingeniero Maschwitz, foto, cada vez que me preguntan no dejo de pensar en ese chiste “tu culo y mi choto”, pienso también en que tengo que dejar de hacerlo, les sonrío (para ellos una cosa, para mi otra), seria bueno hacer un chiste con eso, pero nunca tengo donde anotar. Hablando de anotar, repito en mi cabeza unas 17 veces la frase que quiero dibujar, algo así como “sabrán los dibujados... algo”, vuelvo a pensar en una agenda. Entro a un lugar, una conocida me dice que me vio en la tele, en una nota que no vi, me muero de vergüenza, obvio, y me acuerdo que “seseo”, y que dije varias veces, y mal, mi propio nombre. Saludo, sigo pensando en esa frase. Llego a mi casa, estoy rotundamente solo, hablo con alguien por Internet, le cuento algunas cosas. Llego a la hoja y todo esta igual, no importa si no tengo hojas precisamente, no interesa el lápiz que este usando, muchas veces lo hice con los menos calificados, en las peores situaciones, con las peores adversidades. Todavía me quedan unas hojas que me regalaron, caso una de esas lapiceras que tienen una pequeña historia de cómo llegaron a mi mano, agarro esos cuatro vértices blancos... y ahí están todos, ahí estoy acompañado, haciendo lo que quiero, parado sobre la mejor profesión del mundo, y encima feliz.

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